Photobucket Sinopsis Foro de La Costeña y el Cachaco FORO DE JORGE ENRIQUE ABELLO Una sátira de los distintos tipos de personalidades que existen en diferentes regiones de Colombia. Jorge Enrique Abello, luego de su éxito en Betty la Fea, vuelve como el epítome del bogotano, un circunspecto ejecutivo que al ser trasladado al puerto caribeño de Santa Marta descubre el sabor de la costa en la más picosa de sus mujeres. Sinopsis El ingeniero Antonio Andrade es el típico "cachaco" (habitante de Bogotá) de clase alta: frío, silencioso, e introvertido. Antonio sufre un shock cultural cuando lo envían a trabajar a una importante multinacional en el puerto Caribeño de Santa Marta. El cachaco, que es amante de la música clásica, sufre lo indecible debido a una vecina de apartamento que insiste en tocar muy alta su música vallenata. Al ir a reclamarle, Antonio conoce a Sofía Granados, una barranquillera quien ha llegado a Santa Marta a hacerse cargo de un restaurante. Sofía es la típica costeña, alegre, rumbera, y estrepitosa. Aunque comienzan su relación con una pelea, pronto Antonio y Sofía comienzan a encontrarse en otros lugares y descubren que en una ciudad pequeña están obligados a tratarse. Esa amistad se torna en amor e inician un complicado romance debido a la diferencia de temperamentos, gustos y cultura. Aparte, ambos tienen romances pasados que desean volver a ser presente.

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sábado, 23 de agosto de 2008

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LA COSTEÑA Y EL CACHACO

SOFIA Y ANTONIO

ANTONIO Y SOFIA

Entrevista a Jorge Enrique Abello en CityTv -

Los nuevos retos de Abello

nuevos retos de Abello Photobucket Colombia.com (1/30/2003) : Jorge Enrique Abello está listo para volver a entrar a los hogares, está vez, convertido en un serio “cachaco”, que se enamorará de una escandalosa costeña. La nueva novela del Canal RCN estará al aire la próxima semana. Abello asegura que su personaje de “Betty” quedó atrás y que su nuevo papel se ha convertido en un reto. De extremo a extremo, desde Colombia, pasando por Venezuela, México, Argentina, Estados Unidos, España, las naciones de la antigua Unión Soviética y hasta Japón, Jorge Enrique Abello llegó con su papel de Armando Mendoza, el apuesto ejecutivo que terminó enamorándose perdidamente de su fea secretaria. Abello no puede evitar hablar con tono de cariño cuando se refiere a “Betty la fea”, la telenovela que le permitió ser ídolo en lugares que nunca se imaginó conocer. “Ya no sé cuántos correos electrónicos recibo mensualmente de gente que quiere Armando”, dice y sonríe. Sin embargo, “Betty” es historia. Desde Jorge Enrique Abello ahora será "Antonio". hace varios meses este bogotano, que desde niño decidió que su vida iba a estar ligada a la actuación y a las artes, está preparando un nuevo papel con el que espera conquistar de nuevo a los colombianos y a todas aquellas personas que tengan la posibilidad de ver “La Costeña y el Cachaco”, la nueva novela del canal RCN que en los próximos días estará al aire. Una propuesta dirigida por Luis Alberto Restrepo, que como asegura Abello, “habla de nosotros los colombianos, de la pluralidad, de la diversidad cultural y la riqueza que tiene nuestro país”. Por eso, según él, la novela, que protagoniza al lado de una hermosa modelo que da sus primeros pasos en la actuación, Amada Rosa Pérez, puede conquistar a los televidentes. “Hemos trabajado con mucho cariño, le hemos puesto el corazón”, dice, y agrega que sólo espera poder entregarle al público un trabajo de calidad con el que se identifique y pueda divertirse cada noche. Photobucket Los Amada Rosa Pérez y Jorge Enrique Abello. libretos de “La Costeña y el Cachaco” están a cargo de Mónica Agudelo, la misma mujer que tuvo en sus manos la exitosa serie “Hombres”. Ahora, Agudelo relata una historia protagonizada por Antonio (Jorge Enrique Abello), un bogotano que debe viajar a vivir en Santa Marta como alto ejecutivo de una multinacional y alejarse por un tiempo de su novia, una hermosa pintora y de la tranquilidad de la capital. Allá se encontrará con Sofía (Amada Rosa Pérez), una costeña quien también llega a Santa Marta como propietaria de un restaurante y termina siendo vecina “del cachaco”. Escandalosa, rumbera y descomplicada, “la costeña”, terminará ganándose el corazón de Antonio. Pero antes de eso pasarán muchas cosas divertidas, porque del odio al amor hay un paso, y al principio, Antonio no podrá evitar detestar a la mujer que todas las noches hace fiesta, que tiene un novio celoso y unos amigos parranderos que no le dejarán la vida en paz. Photobucket Correspondencia, sugerencias e informaciones a entretenimiento@colombia.com

Telenovelas tipo exportación

Photobucket Betty la fea, Café y Pedro el Escamoso, entre otras telenovelas colombianas, lograron el éxito que las mexicanas y venezolanas habían alcanzado hace mucho tiempo. Los llamados "culebrones" compuestos por altas dosis de lágrimas y amores imposibles, pasaron a un segundo plano, y con humor y espontaneidad los colombianos se lograron meter en el mercado internacional. Sin embargo, según el libretista Jorg Hiller, todo parece indicar que ese boom nacional está comenzando a decaer. Por Jorg Hiller* La telenovela, ese tan mencionado producto audiovisual, es a muchos países latinoamericanos -entre ellos Colombia- lo que el cine comercial para los Estados Unidos: un producto de exportación, y una forma de llevar a diferentes lugares del mundo una muestra de nuestras historias, nuestra idiosincrasia y nuestra forma de ver el mundo. Aunque parezca increíble, en lugares tan remotos y culturalmente distintos como Malasia, Indonesia, Polonia, Croacia, o los antiguos países de la cortina de hierro, el público es asiduo a nuestras telenovelas. Esto ha demostrado el gran poder de convocatoria que tiene este producto. Los grandes exportadores de telenovelas siempre han sido México y Venezuela. Pero hace unos siete u ocho años se dio el llamado boom de la telenovela colombiana en Latinoamérica y otros lugares del mundo. Productos como Café, Betty La Fea, Pedro El Escamoso, Pobre Pablo, Perro Amor, Por Que Diablos, La Baby Sister, Amantes del Desierto, entre otras, comenzaron a verse en los canales de muchos países. A partir de ese momento se habla con grandes elogios de la producción colombiana. Audiencias de todas partes quedaron atrapadas por nuestras telenovelas, que cautivaron por atreverse a mostrar historias y personajes diferentes, y sobre todo por su capacidad de "saltarse las reglas" establecidas. El melodrama, género adscrito a la telenovela, siempre ha sido un terreno de reglas muy estrictas e inquebrantables. Los personajes se dividen en los "buenos" y los "malos" que nunca dejan de serlo de principio a fin de la historia; los conflictos generalmente son externos, las historias tienden a ser cruentas, circunscritas a los amores imposibles, y la lucha de clases sociales tan propia de Latinoamérica. Todo esto enmarcado en un tono de actoral y de diálogos que muchas veces resulta postizo, acartonado, lejano, pero que se ha constituido el lenguaje propio de la telenovela. La telenovela colombiana llegó para transgredir esos cánones: los personajes no eran absolutamente herméticos, los "malos" tiene su lado bueno, los "buenos" sus deficiencias; se presentaban conflictos internos de los personajes, las historias hablaban de los mismos conflictos sociales pero desde diferentes perspectivas y con humor; se empleó un tono actoral y narrativo diferente, más naturalista, menos acartonado, más cercano al cine: en fin, nuestras telenovelas renovaron la escena de la telenovela a nivel mundial. Por ello se habló mucho del boom de las telenovelas colombianas. Un boom que fue contundente, pero que como todo en la vida, ha comenzado a ver un declive... Las ultimas producciones colombianas no han tenido el éxito arrollador de las anteriores, incluso algunas han sido levantadas del aire en algunos países como España. Esto se ha visto por algunos sectores como el final del fenómeno, ya que los canales han regresado a la vieja fórmula de programar las producciones mexicanas y venezolanas. Pero no es que las telenovelas mexicanas y venezolanas hayan recuperado su puesto perdido; ellas nunca lo perdieron realmente, pues en ningún momento sus ventas internacionales se vieron seriamente amenazadas por la producción colombiana. Sencillamente abrieron un espacio para la telenovela colombiana, la cual ocupa ahora un lugar privilegiado en el panorama internacional. Este es un lugar que antes no se tenía, que con gran esfuerzo se ha conquistado, y ahora hay que defender. Ante el repentino bajonazo del rating de las telenovelas colombianas, los canales y productoras se han dado a la tarea de estudiar e investigar más a fondo el vasto mercado de las audiencias latinas internacionales, sus intereses, sus gustos, etc. Se ha descubierto que por ejemplo, más del 80$ de los latinos que viven en Estados Unidos son de origen mexicano. Por ese motivo, un canal como Univision, cuya programación es netamente dirigida al público manito, es hoy por hoy un medio de comunicación tan poderoso e influyente. La investigación también arrojó datos interesantes, como por ejemplo que la mayoría del público no ve las telenovelas colombianas porque no logra entender nuestro acento y nuestra jerga local. Teniendo en cuenta datos como este, y muchos otros, en Colombia ha comenzado desde hace un par de años, un proceso de internacionalización de las telenovelas, con el fin de no permitir que decaiga el famoso boom, de no desandar los pasos, de no perder el nicho en el mercado conseguido. Esta internacionalización ha suscitado fuertes críticas y desilusión por parte de expertos y sectores del público. Se ha hablado de la "mexicanización" de nuestra televisión, basándose en que cada vez nuestras telenovelas son más parecidas a las de ellos, que las historias son las mismas, que nuestros actores interpretan acartonadamente, en resumidas cuentas, que se ha ido perdiendo la identidad colombiana de nuestros productos. Sin embargo, hay varios puntos a tener en cuenta: en primera instancia una telenovela es más que un producto artístico (digamos), es un bien comercial, es decir, que se rige por las leyes económicas de la oferta y la demanda. Si no hay demanda de nuestras telenovelas a nivel internacional, entonces no volveremos a exportar, y finalmente, perderemos ese lugar de prestigio que aun conservamos. Por otro lado, los responsables de las telenovelas en Colombia no podemos dormirnos en nuestros laureles y esperar que si no hacemos cambios, si no atendemos las necesidades y gustos de una audiencia tan específica, sigamos vendiendo nuestro producto en el exterior. Así no funciona la economía capitalista, y así tampoco funcionan las telenovelas. Por eso se ha hecho necesario este proceso de internacionalización, que lo que busca es crear un producto más acorde a lo que hoy por hoy busca el público al encender el televisor. Y el aprendizaje ha sido mutuo. Los productores extranjeros han asimilado tanto de nosotros como nosotros de ellos; muchas producciones extranjeras han adoptado un estilo más similar al nuestro, han intentado un tono un poco mas naturalista, han incorporado más humor a sus historias. Adicionalmente, siguen interesados en nuestra producción nacional, como lo comprueban los importantes pactos comerciales que han realizado los canales Univision y Telemundo con las empresas colombinas RCN y Caracol y RTI respectivamente. A mi modo personal de ver, este fenómeno no necesariamente implica un retroceso, implica un nuevo reto: ¿cómo crear historias y personajes más universales, que conmuevan o hagan reír igualmente a una persona en Estados unidos y otra en Costa Rica? De qué manera podemos llegar a más gente aún, sin perder la identidad nacional de nuestras producciones? Solamente será mediante la adopción de los esquemas internacionales que han comprobado ser exitosos durante décadas, y fusionarlos en justa medida con los elementos novedosos y transgresores de nuestras telenovelas que han sido elogiados por las audiencias en todo el mundo. No se trata de copiar fórmulas, ni de imitar esquemas foráneos. Se trata de encontrar el punto perfecto de cocción para que nuestras telenovelas sean más completas, y por lo tanto, más competitivas. Claro, lograr este objetivo nos implica a los libretistas, directores y productores sacrificar los localismos y adoptar cánones más reconocidos afuera: pero ahora somos conscientes de que es una necesidad inaplazable. Por ello estamos afanosamente buscando ese equilibrio, esa mezcla de lo universal y lo local que nos permita competir de tú a tú con mexicanos y venezolanos que hace tiempo aprendieron a crear productos que se venden, y por lo tanto, se ven. El reto está planteado. El tiempo tendrá la última palabra, y sentenciará si las telenovelas colombianas logran el objetivo ser "tipo exportación" y mantengan su bien logrado puesto en la escena internacional.